Alberto Del Río, El Patrón, al volante

Josue Guerrero

Es hijo de una leyenda del pancracio mexicano, pero él por sí solo ha labrado un nombre en los cuadriláteros. Por un tiempo fue Dos Caras Jr, después lo conocimos como Alberto del Río y hoy, simplemente es El Patrón. Tomen asiento en su butaca y sean bienvenidos a una charla con la superestrella de los encordados.

Aquellas tardes de domingo de regreso a casa después de ver luchar a su padre en el Toreo de Cuatro Caminos, Alberto miraba fijamente la concesionaria Mustang Import Parts ubicada en la Colonia Noche Buena; en la mente de aquel niño había un pensamiento: “Algún día tendré uno de esos vehículos”.

Nuestra cita para la entrevista es precisamente en ese lugar, donde aquel niño generaba ilusiones; es por eso que al llegar no oculta su emoción, saca su celular y de inmediato graba una historia en Instagram; al entrar y saludarnos se le nota emotivo, cierra los ojos, lanza una mirada al techo y comenta:

“Por este sitio me hice fánatico de los Ford Mustang, cada ocho días tomá bamos este trayecto para llegar a nuestro hogar; ahora tengo varios que he restaurado, es una de mis grandes pasiones y un sueño hecho realidad”.

Alberto Del Río, amante de los autos

El otrora Dos Caras Jr. llegó a tener en su cochera 27 vehículos y cinco moto cicletas, por ahora solo conserva 12 autos y dos motos, su contador le dijo que ya no gastara tanto dinero en coches, aunque tiene un gusto enorme por ellos, sobre todo por los clásicos (además de los Pony Car tiene un VW Karmann Ghia y un Dodge Challenger) “pero no son para uso diario, son para lucirlos y jugar un rato con ellos, para el día a día tengo de diferentes marcas como BMW o Mercedes Benz”.

Pero no siempre fue así, Alberto Del Río ha trabajado duro para obtener todo su patrimonio, desde los 17 años generaba dinero con las becas que le otorgaba el gobierno de México a través de la Conade y del Estado de México por representar la bandera tricolor en la Olimpiadas Nacionales, en Juegos Centroamericanos y Panamericanos en la disciplina de lucha grecorromana,

“Antes de la mayoría de edad había juntado un poco de lana con lo de las becas para comprarme mi primer auto, iba a ser un Vocho, pero mi padre me puso un dinero extra para uno mejor y al final fue un Shadow rojo, estaba loco por él porque tenía un quemacocos”, lo dice con tanto entusiasmo que ríe y se lleva una mano a la boca como un acto de recuerdo lleno de alborozo.

El luchador Alberto del Río
Foto: Neri Ansina.

¿En tu primer auto aprendiste a manejar?

“¡No, mi hermano!, mi tío Gil, un hombre que medía 2 metros 10 me enseñó desde que tenía 11 años, fue a escondidas de mi papá y era cada que iba de vacaciones a su casa en Culiacán; aquí en México agarré un auto a los 14 años, mi padre tenía un Cougar negro y a escondidas me iba al Videocentro, pero un día me cachó y en lugar de regañarme me acompañó a sacar mi permiso de conducir”.

No deja de ver los autos de la agencia mientras platica con nosotros; mueve las manos y abre los ojos como platos. “Qué maravillas, ¿te dije que tengo un Mustang 65 Convertible y un 69?, los compré todos deteriorados y los restauré para mis hijos”.

¿Seguro has vivido grandes anécdotas en ellos?
Suelta la carcajada y responde “¡Claro!, la más resiente fue hace unos meses, saqué el descapotado para dar una vuelta, iba por el freeway 281 en San Antonio, Texas, echando rostro y de pronto ¡pum!, me quedé sin gasolina y se apagó. Comencé a empujarlo, lo gracioso fue que la gente me reconoció y me iban tomando fotos y saludándome”.

Un camino largo…

El camino de Alberto Del Río para llegar a esta instancia ha sido de mucho esfuerzo. El luchador recuerda que en sus primeras peleas ganaba 1,500 pesos, su padre quiso que empezara desde abajo y no lo pusieran en las estelares como lo hicieron con otros hijos de leyendas.

Un buen día llegó un promotor japonés y le ofreció 25 mil dólares por “aventarme un tirito como decimos en el barrio, era una pelea conocida como vale todo”, cuando llegó al país del sol naciente, se enfrentó a un peleador de nombre Kengo, el resultado: el nipón terminó con el brazo roto en cuatro partes.

Los promotores vieron su habilidad y técnica en el cuadrilátero, ganó más dinero y trabajó en las mejores empresas en Asia.

En una de aquellas batallas, la WWE estaba de gira en Japón y el expresidente de la empresa estadounidense y luchadores como Edge y Rey Mysterio lo vieron y le ofrecieron una prueba en Nueva York, la hizo y lo demás es historia; surgió Alberto del Río.

Dos Caras Jr
Foto: Neri Ansina

¿La hora del retiro de El Patrón?

La lucha me ha dado todo y yo a ella, incluso dejé WWE por cuestiones que me sobrepasaron. Un día mi hijo Joseph estaba en la esquina de la casa todo serio y no encontraba mis maletas, le pregunté qué les había hecho y contestó, “las puse abajo de los coches porque cada que agarras una te vas y no te veo por muchos días”.

No estuve cuando mis hijos nacieron, cuando hablaron o caminaron por primera vez; llegó un punto en el que dije, no soy multimillonarío pero me ha ido muy bien y puedo hacer otras cosas sin perderme la vida de mis pequeños.

Por eso me ronda por la cabeza el retirarme pronto. Pienso hacer presentaciones en los lugares que marcaron mi vida deportiva y en México me gustaría en la Arena México, ésa sería con todo el equipo de Dos Caras Jr., ¿con algún luchador en especial? Ojalá todo se dé para que sea con Rey Mysterio. Quien sí estará definitivamente será mi padre y mi hermano.

Aquel niño que no levantó la mano cuando una maestra de la primaria preguntó a quién le gustaría ser presidente, y por el contrario contestó “deseo ser luchador”; que veía a su padre como su superhéroe cuando se ataviaba una máscara, mallas y capa para derrotar el mal todos los domingos, hoy ha cumplido sus sueños dentro y fuera del ring; confiesa que su auto de ensueño es el Bugatti, pero afirma no lo comprará porque es mucho dinero rodando, y aunque le han prohibido gastar más en coches, acaba de adquirir un Ford Mach One, ¿el propósito?, restaurarlo para su papá. “Se lo debo, es para mi viejo, sé que le va a encantar”.

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