Cada tercer sábado de mayo, este año el 16 de mayo, el calendario marca el Día Internacional del Whisky, una fecha que honra la historia, la tradición y la cultura que rodean a uno de los destilados más icónicos del universo premium.
De acuerdo con IMARC Group (firma líder en investigación de mercado y consultoría), el mercado de whisky en el país alcanzó los 905.2 millones de dólares en 2025 y podría llegar a 1,468.1 millones para 2034. La cifra no solo habla de consumo, sino de una transformación cultural en millennials urbanos y la Generación Z, pues están migrando hacia etiquetas premium, maltas complejas y un deseo claro de autenticidad, artesanía y experiencias con narrativa propia.
Habano
En ese nuevo lenguaje del lujo, el whisky encuentra un aliado natural en el Habano, pues ambos son productos donde el tiempo es protagonista. La barrica y la hoja añejada dialogan en un mismo registro de madera tostada, especias, cacao y notas terrosas que evolucionan en copa y en humo.
El maridaje ideal no responde a reglas rígidas, sino a equilibrio. Algunas ideas para orientarte son:
Whiskies ligeros y florales (Lowland o Speyside clásico): encuentran armonía en la sutileza cremosa del Hoyo de Monterrey EpicureNo.2 o en la elegancia amaderada del Romeo y Julieta Wide Churchill.
Destilados intensos y turbados (Islay o Highland robustos): dialogan mejor con la potencia especiada de Partagás Serie D No.4 o con la complejidad envolvente de Cohiba Behike.
Whiskies con notas de miel, vainilla y caramelo: se complementan con perfiles equilibrados y estructurados como Montecristo No.2, construyendo una experiencia armónica y progresiva.
Maridar un gran whisky con un Habano es, ante todo, un ritual. Un momento que invita a bajar el ritmo, observar los aromas, encender el Habano con calma y dejar que cada sorbo de whisky dialogue con sus matices. El humo, con sus notas de madera, cacao o especias, encuentra en el destilado un contrapunto perfecto que resalta la complejidad de ambos. Más que una recomendación, es una experiencia que celebra la pausa, la conversación y el placer de los detalles.
Melómano por naturaleza y comunicólogo de profesión. Amo el vino tinto, el mezcal y escribir sobre autos, cine, música, gastronomía, tecnología y todo lo relacionado con estilo de vida.
Soñaba con ser rockstar, pero la vida me llevo por otro camino y aquí me tienen, plasmando con letras varias historias.
